Puro calzoncillo

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Foto: Samantha Sophia @Unsplash

¿Quién se olvidó de invitarnos?

La foto ochentera de un sonriente David Hasselhoff en tiempos del Auto Increíble causa gracia. La leyenda del meme, “Congrats, you have an all-male panel!”, resulta confusa y, con suerte, intrigante. Pero la causa detrás no genera gracia ni esconde un misterio. Se trata de una expresión que se suma al movimiento que boicotea a los paneles de expertos 100% masculinos. Una campaña que tal vez haya tenido más difusión global cuando PayPal organizó el evento “Desigualdad de género e inclusión en el espacio de trabajo”, discusión en donde participaban -wait for it- cinco varones. En Lima, un pequeño torbellino se desató cuando el diario Gestión publicó una nota titulada “Tiempo de crear: qué están preparando siete escritores peruanos en la actualidad” y no incluyó a ninguna mujer.

Después de eso, yo misma le propuse a un grupo de periodistas que consultáramos con catorce escritoras peruanas sus proyectos a futuro. La discusión se desvió: ¿Habría tantas buenas escritoras? ¿Valía la pena su trabajo o solo haríamos el ejercicio por joder? ¿No estábamos forzando esto de la inclusión sin considerar el mérito? Me parece que la pregunta adecuada era: ¿habría tantas escritoras famosas preparando algo? Porque en realidad ¿cómo vamos a saber si son buenas si no las conocemos, si nadie les puso enfrente el micrófono, la grabadora, la cámara?, si nadie las leyó

Pedir que haya más mujeres en los paneles de expertos -o en los espacios de opinión- pareciera un problema de primer mundo, un capricho post-feminista: primero habría que preocuparnos por la violencia, la educación, la salud reproductiva, escuchamos cuando salta el tema. Ahora  resulta que, no contentas con conseguir el derecho a votar, la representación en el congreso y la nominación del partido, también queremos que nos inviten a sentarnos a la mesa y a opinar. Pues claro. Las mujeres no sólo exigimos igualdad en la repartición del trabajo doméstico, el salario y las oportunidades de ascenso laboral, también queremos igualdad al momento de subir al escenario y tomar el micrófono. La denuncia se expresa, como todo en esta era, con un hashtag: #allmalepanel. Es decir, un conversatorio, foro o discusión donde todos los participantes son varones.

Los esfuerzos para contrarrestar la ausencia de mujeres como voceras o ponentes en los debates académicos y foros de expertos parecen venir de un mundo al revés: Australia. Ahí, en 2013, el Women’s Leadership Institute (WLI) lanzó una iniciativa para incluir más mujeres en los foros de discusión así como una suerte de manual con instrucciones sencillas para lograrlo. De hecho, en aquel país, siete conferencistas famosos se sumaron este año con la web No thanks, mate para boicotear todas las charlas en donde el programa no incluya mujeres. Pero los australianos no han sido los únicos: la periodista Rebecca J. Rosen propuso en The Atlantic que los expertos en ciencia y tecnología incluyan más mujeres en sus eventos, inspirada en la práctica de una organización de liderazgo femenino judío, cuyos aliados y miembros hacen la promesa de no participar en paneles 100% masculinos. Y en Suecia y Noruega -paraísos de igualdad- hay iniciativas similares porque también allá entre 70% y 80% de los expertos y voceros que aparecen en los medios y participan en paneles son varones. Que sean los hombres quienes vengan a decirlo, tal vez

En un panorama de tanta desigualdad, la afirmación positiva no es un capricho ni un favor: “si no incluyes intencionalmente, el sistema excluye por default”, dice Elizabeth Broderick, comisionada de discriminación sexual en Australia.  Para Andrea de la Piedra, una de las fundadoras de Aequales -organización que promueve el empoderamiento femenino y elabora un ranking de las empresas con mejores prácticas en favor de la igualdad- uno de los mayores desafío que enfrentamos hoy es la visibilidad, la conciencia de que existen estos sesgos inconscientes: “la empresa que no hace nada replica lo que ya existe”, dice.  Hace unos días, Cynthia Sanborn, escribía en El Comercio que además del famoso techo de cristal que impide que las mujeres alcancen los puestos de mayor liderazgo, también existe una suerte de tubería atrofiada que ralentiza el acceso, como ‘por goteo’, a saber: la elección de carreras ‘soft’  (educación, comunicación) en lugar de  las ciencias duras o las ingenierías, la sobrecarga administrativa y de labores domésticas en detrimento del trabajo de laboratorio o de investigación así como el sexismo y el acoso sexual.

Si “Panel completamente masculino” resulta aparatoso y poco sexy en redes sociales, en Cataluña está: #onsonlesdones o ¿dónde están las mujeres? Una iniciativa que ha tomado fuerza este año, pero que surgió con un tuit de la escritora y especialista en tecnología Liz Castro: “Os estimo a todos, pero ostras, sois todos tíos blancos”. La queja era para el diario catalán Ara y su espacio de opinión AraTv. Desde entonces, Castro y una cincuentena de colegas -entre ellas periodistas, profesoras pero también una  ingeniera, una senadora, una cantante y una neuroradióloga- han lanzado un blog, un observatorio y una cuenta en Twitter para que haya más expertas opinando en público: “miramos todos los espacios donde se dan opiniones [periódicos, tertulias de radio y televisión, etc.] y contamos cuántas de las opiniones son de mujeres”, me explica vía Twitter. Y el activismo no se queda ahí: #onsonlesdones también ha creado un directorio de expertas dispuestas (y capaces) para opinar, derribando así la excusa más frecuente de los organizadores de eventos: “no hay mujeres que sepan de este tema”.

En nuestro país un colectivo de mujeres ha tomado también el toro por las astas:  el Grupo Sofía reúne a expertas en Ciencias Sociales y ha publicado un directorio que incluye a más de cincuenta profesionales, sus datos de contacto y líneas de trabajo. Para que la próxima vez que usted quiera decir que no existen expertas en economía, políticas públicas, desarrollo rural o innovación, mejor lo piense dos veces, consulte la lista y extienda la invitación correspondiente.

Porque, incluso hoy, en el mundo de Dilma y Cristina y Angela (a quienes, a diferencia de los líderes hombres, salvo contadas excepciones, llamamos por su nombre de pila), Hillary todavía tiene que escuchar de su contrincante que no tiene el temperamento ganador para ser presidenta de Estados Unidos. Al final la crítica no es por su capacidad o carácter moral sino por su personalidad, una crítica que todas las mujeres en posición de liderazgo enfrentan: para ser jefa hay que ser una hija de puta. Pero una hija de puta no es una mujer ‘como debe ser’.

Andrea de la Piedra cree que esto sucede sobre todo entre las líderes pioneras:  “las que hoy están en directorios, que son muy pocas, la han tenido que luchar, no la han tenido fácil y su estrategia ha respondido a las necesidades del momento: masculinizarse o camuflarse”.  Eso explicaría por qué, al menos aún en el Perú las poquísimas mujeres que están en la cima no abordan el tema de género como sí lo hacen Michelle Obama, Hillary Clinton o Sheryl Sandberg, que han empezado a usar su influencia para atraer la atención sobre la disparidad salarial, la repartición de tareas, etc.

De hecho, nuestro progreso en política aún puede contarse con los dedos de las manos: la ONU calcula que al día de hoy hay 10 jefas de Estado y 9 Jefas de gobierno en el mundo. En las legislaturas la cosa va algo mejor (23%) pero solo en dos países del mundo las mujeres ocupan el 50% o más del parlamento. Que suceda en Rwanda y Bolivia y no en Escandinavia hace que parezca un error o un mal chiste. En el Perú la presidencia del consejo de ministros -una jefatura de gobierno de facto- ha sido ocupada por tres mujeres durante un total de 555 días, en sus 160 años de existencia. En la última encuesta de poder realizada por Semana Económica, 9 de las 10 mujeres incluidas pertenecen al ámbito de la política, un reflejo de que en los negocios el machismo sigue arraigado justo en la cima: aunque la fuerza laboral femenina ronda el 40% en todo el mundo, se calcula que solo uno de cada cuatro puestos gerenciales y de liderazgo en el sector privado son ocupados por ejecutivas. El World Economic Forum cumple este año una década de rastrear los progresos de género y no tiene buenas noticias: aunque en las aulas universitarias ya alcanzamos la paridad de género, las mujeres hoy ganan en promedio lo mismo que ganaban sus colegas varones hace diez años. En el Perú solo el 14% de las empresas cuentan con mujeres en puestos de alta gerencia mientras que la participación en directorios es de 6%.

Lo bueno, dentro de todo, es que más allá de la avalancha de cifras, datos y nombres de mujeres que escapan a los 7 grados de separación del común de las mortales, la paridad ya no es un tema de tesina universitaria ni dormita en el portafolio de buenas intenciones de algún ministerio. Las nuevas generaciones de mujeres, las que ya tienen edad para hacerse oír y tratarnos de tú a tú a sus mayores caminan con las antenas puestas y la respuesta inteligente e irreverente en la punta de la lengua.

Cada vez que mi amigo E le comparte por email o facebook a su chica MJ, una veinteañera brillante que acaba de terminar una maestría en Estados Unidos, el programa de un congreso o simposio al que le gustaría asistir, ella responde con dos palabras: “Puro pene.”

Es verdad: en los festivales de cine, las ferias de libro, los congresos académicos, las listas de invitados suelen estar dominados por varones transmitiendo dos mensajes: no solo todos los expertos son varones sino que la fama de la que gozan está directamente relacionada con su capacidad (y no con su sexo).

¿Pero qué pasaría si empezáramos a incluirlas a ellas? “Hay un punto clave en política y las empresas. Si queremos más mujeres en posiciones de liderazgo deben haber más mujeres modelos a seguir”, dice De la Piedra. Y en los paneles lo mismo: invitar a una conferencistas u opinóloga atrae la atención de otras mujeres y de jóvenes que entenderán que existe espacio para ellas. Y para eso hace falta que todos metamos el hombro, que todos digamos basta. Incluso esos varones que ya están diciendo que no van si no estamos también invitadas nosotras.

(Publicado originalmente en Revista h, Noviembre de 2016)

Para saber más:

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