Recuperar la sorpresa

Hace unas horas he terminado de limpiar mi escritorio. Mi bandeja de correo ha quedado vacía. Olvidé la contraseña de Facebook, eliminé el perfil de Instagram, apagué la computadora. Los tres cajones a mi izquierda solo contienen media docena de clips y un par de blocs de notas en blanco. Cuando leas estas líneas, querida lectora, ya habré descendido las escaleras y sonreído por última vez al guardián del edificio. Me habré marchado más o menos por la misma puerta por la que llegué, hace 142 semanas. Ahora tengo más canas, media docena de kilos extras y unas quinientas mujeres en el bolsillo: actrices, deportistas, científicas, activistas, empresarias, médicas, nutricionistas, cantantes. Llegué soltera y me voy una mujer casada. Pelo largo, pelo corto, pelo aún sin teñir, todavía no. Zapatillas, tacos altos, ballerinas, botas de invierno. Vine a viù! porque quería saber si se podía hacer una revista para mujeres que no nos subestimara, que fuera útil y sorprendente y linda a la vez. Y me encontré con un conjunto de señoras y señoritas curiosas y comprometidas con una misma causa: hablarles de tú a tú a nuestras lectoras, recordarnos y recordarles que seguimos luchando contra un puñado de taras heredadas de un pasado más oscuro, pero que gracias a muchas mujeres como ellas hoy somos más dueñas de nuestras vidas y que no basta con celebrar lo alcanzado, que la libertad, como los sueños, se persigue y se conquista día a día. Para ello hemos hablado afanosamente con centenares de mujeres, les hemos hecho miles de preguntas y hemos satisfecho un sinfín de dudas, para cada domingo volver a empezar y renovar nuestra curiosidad. “Lo que a las nuevas mujeres les preocupa es desarrollar su propia individualidad y he aquí que se rehúsan a llamar amo a cualquier hombre, sea un esposo o un guía espiritual. Su libertad personal es mucho más preciosa que la protección del mejor de los hombres. Las mujeres a las que envidian no son simples esposas y madres sino aquellas que a través del trabajo inteligente han conseguido distinguirse en cualquier línea de esfuerzo y cuyo credo ha sido la auto suficiencia”. La frase la escribió Josephine Redding, la primera editora de Vogue, hace 121 años y sigue este domingo tan actual como cuando tu tarabuela aún caminaba por el mundo. Quienes hacemos revistas somos aficionados a quejarnos de los horarios, los cierres de edición, la paga, lo pronto que nos olvidan los lectores. Pero lo único que realmente nos amarga la vida es que desde el cuarto de máquinas, estando siempre detrás del telón, es imposible ser parte de la sorpresa que trae consigo cada ejemplar impreso. Cuando una coge una revista, se enfrenta a un misterio que dura desde la tapa a la contratapa. Y es esa expectativa la que nos mueve a pasar las páginas, a detenernos en una fotografía hermosa, un destacado sorprendente, una frase bien escrita, un dato útil e inesperado. A partir de la próxima semana, cuando mi firma ya no las salude desde esta página, confío en recuperar esa sorpresa, ese placer. Gracias por tanto. Hasta la próxima oportunidad.