La urticaria del 8 de marzo

Vagina, vientre fecundo, virgen inmaculada. Cosas de mujeres: Mortificarse porque la falda del uniforme del colegio se te ha manchado de sangre el día que tu periodo llegó sin avisar. Encerrarse en el baño de la oficina hasta que se te pasen las ganas de llorar después de que tu jefe te gritó. Pagar diez soles más para volver a tu casa en taxi -en lugar de caminando- las noches que sales en minifalda. Aprender a hacer pis sin que tu cuerpo toque el asiento de cualquier baño que no sea el de tu casa. Horrorizarte cada vez que te sale un pelo impertinente en el rostro. Entender que en una reunión de colegas en donde eres la única mujer se espera que tú sirvas el café, y que si se te ocurre pedir una copa en un almuerzo de trabajo recibirás miradas de suspicacia.
Hay cosas, nos dicen, que son solo nuestras. Que solo nos pasan a nosotras y nos hacen tan peculiares que, aunque poblamos algo más de la mitad del planeta, nos hacen merecedoras de una fecha especial en el calendario. Este año nos tocó domingo. A mí el Día de la Mujer me causa un poco de urticaria, me incomoda como un zancudo cuando estás tratando de dormir. Acaso porque no creo en celebrar a esa mujer abstracta, de pelo largo, instinto maternal, puño alzado, lágrima fácil, fortaleza inquebrantable y delicada como el pétalo de una rosa. Tal vez por eso, para esta edición nos propusimos buscar diferentes formas de mujer. No son una muestra estadística de nada. Representan la apurada curiosidad con la que emprendimos este número. No son sino las distintas respuestas a las muchas preguntas que nos hicimos en la redacción: ¿qué logran las mujeres que se ponen juntas a trabajar? ¿acaso se la pasan parloteando todo el día? ¿viven preocupadas de verse siempre bonitas, por aquello de que las mujeres nos vestimos para otras? ¿se ponen zancadillas para sabotearse? ¿se jalan de los pelos y se rasguñan? ¿o viven abrazándose cada vez que consiguen cualquier cosa? Algunas de esas preguntas, ya se habrán dado cuenta, estaban inspiradas en los mil prejuicios que existen sobre nosotras. Y que, con frecuencia, las mismas mujeres repetimos.
Así que visitamos una casa antigua en Jesús María, una chocolatería dentro de un penal en Chorrillos, una oficina pública en el Centro de Lima, un taller textil en Gamarra, una comisaría en el Cono Sur y un edificio inteligente en San Isidro. Miramos, escuchamos, preguntamos, retratamos. Alguna contuvo una lágrima, otras nos despedimos con abrazos y una cálida sensación en el pecho. Todas nos sentimos agradecidas. Mujeres, concluimos cuando pusimos punto final a esta edición, existen de todas las formas y colores, con todos los vicios y todas las virtudes. Y eso, creo, sí es algo que vale la pena celebrar. Feliz día.

(Editorial en viu.pe el domingo 8 de marzo de 2015)

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