La cofradía de los portarretratos plateados

Hay que ser cierto tipo de mujer para exhibir en casa las fotografías en marcos de plata. Eso me decía siempre que espiaba las casas ajenas y descubría, una y otra vez, en repisas y mesita10295798_242477429291900_6241694944670597973_ns los recuerdos familiares más importantes enmarcados por ese clásico brillo argentino. Había que ser como Ivanka Trump, que en su lista de novios incluyó tres pares de portarretratos Tiffany (en US$500, US$415 y US$295 cada modelo, según “The New York Times”). O como algunas tías, que acostumbraban rezar el rosario y participaban en clubes de jardinería y tejido.

Yo no era esa clase de mujer, me repetía mientras escudriñaba aquellos retratos felices. Hasta que un día, sin saber bien cómo, en mi departamento donde no reluce casi nada, aparecieron no uno, sino dos portarretratos en plata .925. Resultó que sí había que ser un cierto tipo de mujer para ser dueña de ese adorno: una señora casada. No importa cuánto insistan los novios en planificar las mesas de regalos, ni cuán modernos, minimalistas o progres sean. Si hay una boda de por medio, seguro hay un metálico portarretrato entre los obsequios.

Nos gusta pensar que el amor, nuestra personalidad, amistades, hábitos y hasta nuestros gustos en decoración quedan intactos luego de que cambiamos de estado civil. Después de todo, insistimos, solo es un papel, un cambio de domicilio, otra cajita que marcar en los formularios médicos y migratorios. Lo cierto es que con la resaca de la boda y la actualización del DNI viene también ese marquito plateado. Y, si no es algo que deseabas, lo mble es que se trate del regalo de alguien que no te conoce bien, pero que te aprecia y se alegra contigo de que hayas encontrado a alguien con quien quieras compartir tu vida. Quien regala ese portarretrato metálico podría pasar por perezoso o falto de imaginación.

Mi teoría es otra: ese portarretrato es típico de quien te hace un obsequio por compromiso, incluso aunque no lo hayas invitado a la fiesta. Alguien con quien conservas cierta cariñosa distancia: la mejor amiga de la universidad de tu mamá, el jefe de tu novio, los vecinos de tu abuela que siempre la quisieron mucho. Y ¿no es el quid de una boda justamente el compromiso?

Quien te regala un marco plateado te obsequia también la oportunidad de que exhibas el recuerdo de ese día feliz con un brillo especial. Aunque no combine con el resto de tu sala. Agradécelo.

(Mi columna en viu.pe del domingo 8 de octubre 2015)

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